Hay dolores pequeños, dolores que duran varios días, dolores que sacan lágrimas y dolores que generan náuseas.
Asimismo, hay dolores físicos y también hay otros del alma. Algunos físicos tienen cura, lastimosamente no todos; en cambio los del alma se sanan con oración, música y amor.
Cuando uno pierde un ser amado todos los dolores se acumulan, todos se mezclan, se intensifican y se vuelven uno solo. Desde la cabeza, los ojos, la garganta, hasta el corazón.
Te amo y aunque me duela profundamente tu partida, prometo honrar tu presencia, tu alegría, tu fortaleza y tu bondad. “Este no es un adiós, es un gracias”.
Te extrañaré por siempre.

