La gente suele decir que el tiempo lo cura todo, que las heridas sanan, que el amor vuelve a unir los corazones rotos y que Dios sabe cómo hace las cosas, pero mi verdad es diferente. Es distinta porque pienso en lo difícil que es levantarse con la esperanza en los pies, con los recuerdos pasando como una película y con el deseo de volverlo a ver.
Al principio la verdad parece una mentira, una realidad que no se quiere aceptar, un día a día que uno se niega a vivir, unas reuniones familiares donde no se quiere asistir, una respuesta en un chat que se espera recibir… una voz que ya no se volverá a escuchar.
Han pasado 10 meses de su partida, pero se siente como el primer momento. El vacío continúa, la tristeza sigue, la melancolía no se quiere ir y el llanto muchas veces lo acompaña…
Muchos me dicen que deje ir ya ese dolor, que no me quede en el momento, que siga porque la vida continúa... ellos no entienden que no quiero retenerlo, solo intento comprender el porqué de su partida y trato de hallar una razón lógica a los silencios que nacen cuando alguien pronuncia su nombre.
El tiempo sigue pasando, dentro de poco se cumplirá un año de su último suspiro y yo solo puedo recordar, además del tono de su voz, los instantes que vivimos juntos. Momentos, solo momentos, y bien dicen por ahí que hay que tener cuidado con quién se crea recuerdos, esas cosas suelen durar toda la vida.
Hoy lo recuerdo y es inevitable no sentir de nuevo el nudo en la garganta. “Para bien o para mal, la tristeza nos cambia”.








