jueves, 6 de febrero de 2020

Entre una y mil despedidas...



Después de tantas veces en que, sin querer o con intensión, nos hemos dicho adiós, aquí estamos de nuevo. Iniciando un nuevo año y con él nuevas palabras, nuevos deseos, nuevas sonrisas y mensajes de voz que desencadenan en inexplicables sonrisas.

Los días pasan y con ellos el cariño que pensé que había desaparecido vuelve y se asoma. Se acerca a mi puerta con cada sonido que anuncia un nuevo mensaje de tu parte. Viene, me revuelve el corazón y luego se marcha con cada conversación sin respuesta que ahora es lo único que tengo.

Volvimos a lo mismo, ¿te diste cuenta? Nos contentamos, dejamos que fluya la química, o el amor en mi caso, y luego, por arte magia, volvemos a ser dos desconocidos. 

No entiendo cómo podemos preocuparnos tanto el uno por el otro y, luego, de la noche a la mañana, dejar que la conversación, alguna vez favorita, avance poco a poco a la cola de chats que abundan en el teléfono.

Te quiero, sabes que es así, pero he de confesar que la paciencia se agota y con ella las ganas de volver. 

Quizás esta vez, sin necesidad de despedida, sea nuestra última vez.