Érase una vez un lugar dentro de una persona, donde existían tantos recuerdos como la mente puede llegar a imaginar, día a día se iba alimentado este lugar con instantes tan bellos que daban felicidad a quien los recordaba, pero un día se nublaron todos los alrededores y una fuerza enorme hizo que aquellos recuerdos se taparan con recuerdos de dolor… Era como cuando realizas un castillo de arena con tanta pasión e ilusión y llega una ola gigante y lo cambia todo, lo vuelve nada.
Así pasó, día a día se construyó un mundo dentro del castillo de arena, un mundo de recuerdos tan bonitos donde la imaginación no tenía limites, un mundo donde no existía el miedo al olvido porque jamás se llegaba a pensar que una ola podría tener tanta fuerza como para reemplazar las paredes de la construcción por granitos esparcidos de arena.
Dicen que uno jamás termina de conocer a las personas, y así mismo uno jamás imagina que todo pueda tener una final tan triste
Tantos recuerdos, tantas historias y tantos sueños se fueron desvaneciendo mientras la ola volvía a su lugar, dejando atrás un vacío indecible y recuerdos totalmente diferentes. A su paso dejó dolor y se llevó las ganas de volver a comenzar, existía ahora el miedo de soñar y de querer ser feliz. Ya no se quería ni siquiera intentar porque era más grande el miedo de volver a fracasar…
Pero un día una buena idea se instaló en ese lugar llamado memoria y comentó que para evitar el dolor que dejaban los recuerdos malos y la mortificación que causaba la imposibilidad del olvido, quizás era posible perder la memoria y eliminar todo, absolutamente todo.
Y así fue, día a día se trabajó en buscar algún lugar del cerebro que al afectarlo se pudieran borrar inmediatamente todos los recuerdos que alguna vez habían existido en la memoria… fue tanto el esfuerzo que se vieron pronto frutos y por fin se pudo hacer realidad ese deseo.
Pero una vez teniendo la oportunidad de volver a empezar, dejando todo atrás, TODO, incluyendo los buenos y lindos recuerdos de alguna vez, aquella persona pensó que estos lindos recuerdos eran más fuertes que los nuevos instalados en la memoria, y que por los malos no tenían que pagar los buenos...
Finalmente llegó a la conclusión de que los momentos en familia, junto a seres queridos y verdaderos amigos no pueden ser reemplazados por personas que quizás no valen la pena, porque sencillamente la tristeza no puede ser mayor a la felicidad.