lunes, 3 de octubre de 2011

Una despedida sin explicación

Anoche sentí tanta tristeza. 
Creo que mis ojos han reflejado el calvario de tu distancia. 
No he logrado comprender el porqué tomé aquella decisión 
y simplemente se inundan mis pupilas cuando pienso en ti.
Ayer te soñé e imaginé que tu boca pronunciaba mi nombre, 
vi melancolía en tu mirada, escuché tus ruegos rondando en tu existencia, 
sentí el vacio en tu alma y eso me ha asustado terriblemente.


Hoy he pasado una de las peores noches de mi vida. 
Me he despertado a las tres de la mañana y he dado vueltas en la cama más de cuatro veces.  El día ha estado lluvioso, el sol se ha escondido por completo y yo, 
yo no he podido conciliar el sueño.
Me he decido y he abierto la ventana, me encuentro con la sorpresa de que ha caído nieve y eso ha aumentado mi nostalgia, ya que mi cabeza se ha identificado 
con aquella blanca escarcha porque es un acontecimiento algo raro y poco inusual. 
La alegría de la gente mientras juega con la nevisca contrasta con mi melancolía, 
yo solo comparo los copos de nieve con mis escondidas lágrimas y finjo sonreír.




Salgo del piso no sin antes haberme puesto un abrigo, miro a mí alrededor y confirmo tu ausencia. He notado que puedes estar tan lejos pero a la vez tan cerca de mí.

Te he pensado en estos fríos días y he llegado a la conclusión de que rechazarte más que un pecado es un sufrimiento que he de llevar por siempre en mi alma. Ahora cuelgo de un hilo porque simplemente me creo tonta por haber sido tan egoísta y no haber pensado en ti. 

Al salir del apartamento, en ese instante en que te recordé, también había observado todo aquel bello paisaje que deleitaba mis ojos. Toda una capa blanca había cubierto arboles, casas, carros y calles. Era sencillamente bello pero no tanto por tu ausencia como compañía.


De un momento a otro apareces de la nada, sentí que mis manos temblaron al momento de haberte mirado. Al haber Clavado tu mirada  en mí has introducido un puñal en mi alma, mi cuerpo se ha paralizado y mi mente solo piensa en abrazarte, lágrimas caen de mi rostro como gotas de lluvia y un silencio se hace cargo del momento. Te abrazo, no es un abrazo cualquiera, es uno largo y estrecho que hace parar el tiempo, luego me miras asustado y sales corriendo, intento detenerte pero no sé cómo haces para ir tan rápido, así que mientras te persigo, tu avanzas y tu imagen va desapareciendo entre la nieve.
Al final mi compañía ahora aparece, él me sonríe y toma mi mano suavemente. Después limpia mis lágrimas y acaricia mi cara. 

Finalmente cierro los ojos y entiendo que todo ha sido una ilusión, tú solo existes en mi conciencia y aunque sea difícil debo resignarme a que sin tenerte ya te perdí.

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