lunes, 14 de noviembre de 2011

Celebración de cumpleaños

Entiéndase por celebrar conmemorar o festejar algo, ese algo hoy es mi cumpleaños.
He pensado desde hace ya dos días si éste significado cambió y ahora sólo se trata de reunirse sin disimular un poco el aburrimiento que se siente por estar allí. Pero bueno, rescato con el mayor gusto y melancolía a la vez el maravilloso esfuerzo que mis padres realizaron para que todo saliera como generalmente debe salir, algo alegre, acompañado con risas, abrazos… y no caras largas, infinitos silencios, llamadas inventando excusas para no asistir o promesas rotas diciendo estaré allí.


Llegó el día, o más bien el amanecer acompañado de un frio invierno en un piso once de un edificio. La vista de Bogotá con el cielo rojizo me recuerda que estoy viva y curiosamente escucho el tic tac del reloj, mientras cuento 5,4,3,2,1…
Son ya las doce y aquellos tres seres infaltables se ponen de acuerdo y con un pícaro gesto sale de sus bocas un feliz cumpleaños. Les agradezco y una sonrisa inevitable se refleja en mi rostro por el gesto tan bello hecho con tanto amor. Esas palabras dan la bienvenida al 14 de noviembre y me avisan que recibiré llamadas de los seres que me quieren y me recuerdan este día.


 Besos y abrazos del momento me hacen sentir el ser más completo del mundo entero. En ese eterno instante se borran las grotescas preocupaciones y se desvanecen los necios deseos por querer cosas materiales, ya que un momento junto a los seres que se quieren llena de alegría a cualquier ser.

Descanso pocas horas mientras sale el sol y el cantar de los pájaros junto a los rayos acogedores anuncian al mundo el nuevo día. Todos duermen y transcurren tan sólo pocos minutos cuando el ring ring del teléfono rompe el silencio del momento y escucho la voz de un familiar deseándome un feliz día. Pasan los minutos y me encuentro de nuevo con aquellos seres ya nombrados, recibo de ellos una nueva felicitación y me despido con un hasta pronto mientras me dirijo a mi hogar.


 Llego a mi castillo, mientras se abre la puerta siento que ella, ese ser tan infaltable está allí esperando a verme. Jamás había despertado un 14 de noviembre lejos de ella, así que al a ser hoy a excepción corro a su abrigo y la abrazo mientras escucho de sus labios los mejores deseos que una persona le puede desear a otra. Ella es mi madre.

A lo largo del día me encuentro con algunos familiares, unos me saludan efusivamente, otros sólo dicen buenos días y luego recuerdan qué día es, se disculpan y me felicitan. Recibo la llamada de una vieja amiga, un mensaje al móvil de otra y con síntomas de decepción me dirijo a la sala a esperar alguna llamada.


Unos se acuerdan, otros importantes para mí no lo hacen. Me felicitan desconocidos y viejos amigos ignoran la fecha y ni una llamada realizar. Supuestamente me habían invitado a almorzar  y esa persona nunca apareció.

Sentí tristeza y aunque sentí el estorboso nudo en la garganta decidí no llorar, allí me di cuenta que más difícil de llorar es no hacerlo. Así que sonreí y decidí evitar las ‘no llamadas’ durmiendo. ¿Quién quiere pasar su cumpleaños durmiendo? …. Yo!


Sin planes, todos ocupados en su vida, en un mundo donde hoy 14 de noviembre no cabía yo; con la soledad como compañía entendí que es mejor no encariñarse para no desilusionarse y que lo mejor que uno puede hacer el día de su cumpleaños es pensar que es un día como cualquier otro del año, olvidarse de la fecha y dormir en cada instante que se pueda. 

Claro, le agradezco infinito a los que dieron lo mejor de sí para que fuera feliz, pero una vez más repito, así como existe la felicidad, también existe la tristeza.



PSDTA:
¿Desde cuándo es lo mismo desear un feliz cumpleaños a una computadora o celular, que a una persona?

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