Hoy que tan cerca pero tan distanciado estás de mí, me pregunto si alguna vez te mencioné la sonrisa pícara que le hacías a mi rostro cada vez que tus intensiones invadían mi pensamiento y diario vivir. Hoy que tan sólo somos dos extraños conocidos mi mente vaga en mundo de cuestionamientos, decepciones y arrepentimientos donde la respuesta a lo más cercano al paraíso del cielo eres tú.
Tu quien fuiste la promesa de abrigo y bienestar hoy estás al otro lado de la línea separadora de destinos que exige un olvido inmediato y un eterno adiós, pero vacíos en lo que llaman alma no permiten que mis labios mencionen esa fría, cruel, destructible y perpetua palabra porque el pasado no se puede borrar tan fácilmente como muchos creen, y porque los recuerdos son el más infame martirio cuando el olvido quiere reinar.
Pese a esto, te extraño inmensamente no sólo en cada nota, acorde, canción y melodía que puedas imaginar, susurrar o interpretar mientras te acuerdas de mí; también en la lluvia cada vez que es invitada especial de algún gran espectáculo o cada vez que la luna se viste de guardiana de sueños y protectora en las calles frías y citadinas de este frio lugar que es otro desde que no estás.
Buen viento y buena mar...

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