Tal vez la noche celebrando el inicio del nuevo año no estuve a tu lado para darte un fuerte abrazo, pero sí te puedo asegurar que no saliste de mi mente ni un segundo.
Cada campanazo, antes de las doce, estuvo acompañado de recuerdos que se quedarán en ese diferente 2011; tiempos inolvidables y especiales como sólo tú y yo sabemos y recordamos; momentos feéricos que me enseñaron a madurar y a crecer como persona; situaciones alegres, maravillosas y otras tristes e inevitablemente taciturnas acompañadas de un eterno y aturdido adiós.
Al final de la fría, eterna, melancólica y última noche del año, fue inevitable darme cuenta que entre las doce uvas estuviste presente en más de uno de esos deseos; además aquel dorado globo se llevó consigo hacia el suelo del cielo mis buenos deseos para ti y para mí, porque hay veces lo único que necesito de ti es un abrazo.

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