miércoles, 18 de abril de 2012

Mi última tinta



El cielo oscurece, las nubes se esconden y les dan paso a las brillantes herederas de la noche; con ellas el apacible frío hace presencia y anuncia el comienzo de una velada inolvidable. Varios gestos en distintos rostros expresan alegría. Curiosamente, mientras unos celebran yo sufro lo suficiente como para no actuar igual.

Sí, hoy he decidido darle un eterno descanso a tu recuerdo y empezaré con no volver a escribir. Siempre te gustaron mis textos, muchas veces lloraste con ellos y ahora solo quiero que esas lágrimas compartidas se marchen junto a tu presencia espiritual y feérica que siento al cerrar los ojos.
Ya han pasado tres años de tu partida y aún siento lo mismo de aquella primera vez. Esa noche tan parecida a ésta tendrá su final porque hoy publicaré mi última tinta y estará dedicada a ti.


Doy un salto a la luz, es indescriptible la sensación de percibir tantos ojos encima que lo único que expresa ese sentimiento es el temblor de mis labios y manos mientras subo a la tarima. Decidida, tomo el micrófono y con una mirada caída empiezo la lectura del novísimo escrito de mi vida, el último pero el primero en expresar con toda la libertad todo aquello que pasó por mi cabeza alguna vez.

‘’Siempre tres metas se cruzaron por mis sueños y fueron las generadoras de tanta persistencia cada vez que el anochecer junto al desfallecimiento llegaba. Soñé con escribir un libro, conocer el mundo acompañada de una fiel cámara y por último, tener una familia.

Ahora muchos me llaman escritora, debe ser que eso de inventar mundos perfectos para los demás es bueno, pero ahora me pregunto por qué pensar en que lo último que se pierde es la esperanza si varias veces lo primero que se va es la fe.


Sí, mi ilusión de un mundo mejor y perfecto se desvanece cada día cuando infinita gente inocente es la víctima de un juego de ajedrez de ricos donde las fichas son los pobres. Contrario a aquel juego, esta guerra nunca va a acabar y lamentable estas son las palabras que todos se niegan a aceptar.
Triste es pensar que aquellas inocentes vidas tuvieron que hacer parte de una guerra ajena, un conflicto que no sólo terminó con sus sueños sino que también acabó con los de sus familias.

Por tal razón escribo, porque uno no se da cuenta de lo cruel que es la guerra hasta que no se vive y siente en el alma. ¿Por qué esperar a sentir ese vacío para entender que el peor invento del ser humano son las armas y su más infame error el creerse con la autoridad de decidir por la existencia o no de aquel que aunque quiere ser diferente, es igual? ¿Qué sentido tiene acaso seguir construyendo historias que le alimentan la ilusión a unos pocos mientras los demás desalmados se burlan y la creen ficción?

No sé si es que acaso siento mucho por el dolor de la humanidad o al contrario hago parte de aquellos seres sin alma que acaban de entender que las historias alegres no van a cambiar el mundo. Por tal razón y a causa de la guerra, sólo veo una sociedad perdida en una ceguera infinita por las ansias de poder, que su preocupación única ni siquiera es su propia existencia y por lo mismo deja a la suerte la vida de los demás.
Siempre va a existir una causa por la cual discutir y una razón que llevará a un conflicto, grande o pequeño, aunque quizás no se deba catalogar así ya que el hecho de que exista como consecuencia la muerte de cualquier ser, ya nos debería parecer exagerado como resultado.


A pesar de ello no se trata sólo de la guerra, también de la envidia y las ansias escondidas e hipócritas de querer hacerle daño a quien parece ser mejor que uno. Las personas nos preocupamos más por querer ser lo que ahora no somos, buscando siempre marcar la diferencia, pero no nos damos cuenta que al querer todos lo mismo nos convertimos en un conjunto de elementos tan parecidos en nuestra propia individualidad.

Es curioso llegar a la conclusión de que al final el deseo común de todos es ser diferentes cueste lo que cueste y no una felicidad compartida donde más que la paz, sea el respeto hacia el otro el que gobierne.
Quizás esté en nuestra naturaleza hacer daño, con intensión o sin ella, el resultado es el mismo. 


Quise escribir un libro, lo hice pero sembré en varias personas la esperanza que perdí hace tres eternos años; pretendí viajar por el mundo, pero me encontré de frente con la pobreza y muerte de la humanidad; y por último, soñé con tener una familia pero se me fue arrebatada por luchar contra aquellas fuerzas oscuras que manejan a la mayoría y se esconden tras un arma o peor aún, una promesa.


Ya no tengo nada, no existen en mí razones para seguir escribiendo, no me surgen las palabras adecuadas para describir el sentimiento de impotencia ante un mundo lleno de ilusiones y contradicciones, de mentiras y engaños, de hipocresías y desilusiones.
Por tal razón, tantas historias alguna vez creadas con el objetivo de lograr un cambio en el pensamiento de cada ser, hoy se desvanecen y se dan por vencidas porque de nada sirve soñar si no se realizan hechos que demuestren algún apoyo a aquellos generadores de esperanza y fe que parecen estar en vía de extinción.

Ahora camino teniendo de compañía mi fiel soledad, tal vez en algún momento tuve el mundo en mis manos pero lo solté al perder la ilusión por la muerte de un ser querido. Quizás me levanté pero me faltaron las ganas que se necesitan para volver a empezar.

Así que para terminar, la distancia me da el tiempo suficiente como para expresar un eterno adiós a las letras y a los escombros del silencio que por mucho tiempo interfirieron en el camino hacia la libertad. Varias veces el flagelo y las heridas me alejaron por completo de la verdad en los textos, y aunque no se trate de considerar a la imaginación y a la esperanza unas buenas para nada, al parecer lo que se necesita es mostrar la realidad fría tan cual es para entender que la humanidad pronto llegará a su fin’’.

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