Empieza el año y miles de oportunidades llegan con él.
Sonrisas van y vienen, y aquellos momentos amargos, que nunca faltan, deseo se
queden atrás. Acompañada de la música y los incontables abrazos, se encuentran
los deseos para el año que se asoma, los infaltables globos dorados esperan a
ser decorados con quimeras y las copas con aquel dulce vino prometen no alterar
los sentidos esa noche.
El momento tan esperado llega, suena la tradicional
canción y las doce uvas se alistan a ser las intermediarias entre los deseos del
hombre y el futuro anhelado. Es tanta la esperanza que queda en cada uva, que
el cuerpo se recarga de ilusión y buena energía.
Termina la canción y el final viene acompañado con los
indescriptibles abrazos de aquellos seres mágicos que dieron su vida por ti y
que de igual forma tú darías por ellos.
Abrazos van y vienen, las sonrisas se contagian y la
felicidad se comparte. La fe aparece y demuestra que nunca se ha ido, la
ausencia de él se hace presente pero recuerda que el lugar donde está es tan
bueno que ni la mente humana puede llegar a imaginar.
Con un beso al cielo desde el corazón termina el
instante feérico, empieza un nuevo año y con él infinitas oportunidades de ser
feliz y construir un futuro donde la felicidad esté presente siempre,
recordando que nada puede ser tan malo si mañana hay otra oportunidad de ser feliz.

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