Al pasar los años
y con las experiencias que nos tocan, aprendemos que es mucho mejor sonreír y
dejar de prestarle atención a varios momentos y personas; comprendemos que ser
feliz es mucho mejor que estar amargado y triste; asimilamos que la vida es
corta y que es mejor aprovecharla y no dejar ir los días preocupados por
tonterías.

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