Con todo lo que la vida ha dispuesto poner en nuestro camino, el ideal de que seamos los únicos en la vida del otro se ha desvanecido poco a poco. Hemos tropezado con varias piedras y los errores cometidos en varias ocasiones vuelven al presente a saldar cuentas.
Justo ahora, un acto al que no le quieres llamar error revive y vuelve hiriéndome el ego y el corazón. Me siento traicionada y más que ello decepcionada. Tú respondes con una buena excusa pero aunque tienes razón, mi yo no la quiere aceptar.
Es difícil pero acepto que fui la culpable y la que te llevó a hacer lo que hiciste, lo que cometí también estuvo mal, pero la maligna y dañina mente de una mujer celosa me tortura trayéndome a cada instante imágenes tuyas con esa otra.
Debería perdonar porque hice algo parecido, pero aunque no te discuto no te puedo ocultar el dolor que eso me causa. Ahora dices que lo mejor es no volver a mencionar algunas cosas, pero que existan más cosas ocultas entre los dos no es sinónimo de confianza y además, recuerda, nada está oculto entre el cielo y la tierra, la verdad siempre saldrá a la luz.

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