Después de tantas noches eternas vuelvo a sentirte tan cerca como
aquella única vez.
De nuevo es ocho y tu presencia aparece caída del cielo, mi corazón late más rápido, pero mi cuerpo está ya sin fuerza.
Esta mañana no quería abrir los ojos, no era mi ambición hacer parte de una realidad donde nadie sabe que existes. Parece que solo tú y yo somos testigos de las noches de melancolía que curiosamente dan sentido al deseo de buen mañana.
De nuevo es ocho y tu presencia aparece caída del cielo, mi corazón late más rápido, pero mi cuerpo está ya sin fuerza.
Esta mañana no quería abrir los ojos, no era mi ambición hacer parte de una realidad donde nadie sabe que existes. Parece que solo tú y yo somos testigos de las noches de melancolía que curiosamente dan sentido al deseo de buen mañana.
Sí, eres invisible para tantos y al mismo tiempo floreces en el
recuerdo de cada uno. Hay momentos en que parece que no eres nada, que no
vives, pero lo eres todo y omnipresente es una cualidad que te queda muy bien.
Eres inexistente para varios, pero al mismo tiempo una travesura
para unos cuantos que, al jugar con tu memoria, no saben el daño tan inmenso
que están haciendo, hasta para sus propias vidas. Puede que crean que están
ganando, como si esto fuera una batalla, pero tarde se darán cuenta que jugar
con tu nombre sin saber qué pasó realmente, es algo que va a pesar en sus
vidas.
Mientras tanto, el consuelo queda entre tú y yo, entre él y su
pareja, entre nosotros. Lo importante es la verdad y esa la tenemos con certeza
en nuestro corazón, memoria y recuerdo. Esa nadie nos la podrá arrebatar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario