Se entiende la compasión como el sentimiento que una persona le genera a otra porque se le observa como un alguien que sufre una desdicha. La compasión tiene dos niveles, el primer nivel es el de la psicología individual y el segundo el de los proyectos institucionales.
La compasión se da tanto individualmente como en sociedad. En las instituciones colombianas como por ejemplo el gobierno o la educación se aborda el tema de la compasión, pero muchas veces se hace por obligación y no porque en verdad se quiera. Ya decía Whitman que ‘’mantener unidos a los hombres con un papel o un sello, o por la fuerza, no tiene valor alguno’’ Y es que la compasión no debe ser impuesta, pero tampoco debe ser igual a tener lastima por otra persona.

Varias personas tienen la concepción de que el gobierno es el que debe velar por todas las injusticias y cosas malas que les suceden. Ellos piensan que el gobierno tiene el deber de responder legalmente y satisfacer sus necesidades básicas, ya que las leyes los protegen y respaldan ante El Estado, a través del cobro de impuestos. Y es que por un lado tienen razón, uno paga para recibir un servicio, pero por otro lado hay que ser conscientes de que uno mismo también puede protegerse de los ladrones y otros males, y no solamente el gobierno debe sentir compasión por uno. No se trata de dejarle todo al gobierno, sino de no sentirnos víctimas sino sujetos activos que pueden también actuar compasivamente.

Un ejemplo de la confianza ciega que se le tienen a las instituciones del gobierno es el caso de la destrucción de las torres gemelas, cuando pasó el infortunio los estadounidenses se quedaron en el lugar esperando a que sus instituciones los salvaran, en cambio los latinos fueron los primeros en salir huyendo del lugar.
Si tomamos el anterior caso y lo comparamos con la cultura colombiana, diríamos que ningún ciudadano colombiano se quedaría en el lugar de la tragedia esperando la ayuda de las instituciones. Lastimosamente creemos que no llegarán y no serán compasivas ante cualquier tragedia o suceso inesperado que pueda ocurrir.

Una compasión adecuada volvería a las instituciones justas, pero no quiere decir que no se necesiten leyes y reglas. Estas instituciones justas igualmente necesitarían de jueces compasivos que atiendan con interés las necesidades de los otros, ya que estás mimas instituciones influyen de manera visible en cada uno de los miembros de la sociedad.
Es importante que se siembre en la sociedad y en cada una de las instituciones la importancia de las dificultades y el significado de los trances de cada individuo, para que nazca una compresión que no se vuelva una dicotomía y no considere al otro con pesar y lastima.
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