Hay tres diferentes clases de despedidas: las melancólicas, las que te brindan paz y aquellas que no quieres aceptar.
En la primera el llanto o el incómodo nudo en la garganta son inevitables y hasta el día más soleado termina siendo triste por el sentimiento que se lleva dentro. Además, es difícil ocultarlo porque los ojos lo demuestran todo y las pequeñas lágrimas en algún momento lo confirman. Este tipo de despedidas suelen ocurrir todos los días y es para personas que queremos, pero que en algún momento volveremos a encontrar.
Otra clase de despedida es aquella que extrañamente te brinda paz. Un rara tranquilidad que llena de equilibrio tus días, tus semanas y finalmente tu vida. Quizás es ese adiós que debiste decir desde hace mucho y que cuando sucede te quita un gran peso de encima. Un 'te lo agradezco, pero no más'.
Finalmente, queda la despedida más fuerte y dolorosa de todas, aquella que te llena de tristeza pero te niegas a aceptar. Aquella que no viste llegar, pero inevitablemente tienes que afrontar. Suele durar muchas semanas y dependiendo de la personalidad del sujeto, puede durar hasta años. Creo que este tipo de adiós es cuando debes despedirte de un ser que amaste, pero que tuvo que dejar este mundo y por más que quieras volverlo a ver, ahora solo estará en tus recuerdos.

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