jueves, 10 de enero de 2019

Nudo en el alma y no en la garganta


Debo confesar que aunque haberlo visto llenó de tristeza el final de mi día, no me arrepiento de haber compartido mi tarde con él... Comprendo que las cosas estaban sucediendo de la manera más dañina para varios, pero en ese instante en que estuvimos juntos, siendo uno solo, pude sentirme plena y completa.

Ahora no está y luego de un eterno abrazo, es inevitable la triste despedida.

Él se fue, pero su recuerdo sigue aquí. Cada palabra que me dijo, cada lugar por donde pasó, cada caricia, frase y mirada que realizó. Cada sonrisa, esa bendita sonrisa que llena todo mi cuerpo de plenitud.

Quisiera decir que no me considero suya, pero la verdad es que si la felicidad es aquello que sentí a su lado, confieso que quisiera quedarme viviendo en esa tarde.

Ahora solo me pregunto, ¿qué se hace cuando el nudo está en el alma y no en la garganta?”...

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